La ciencia del orgasmo

El orgasmo es uno de los placeres más saludables que puede experimentar el ser humano. Sabemos que entre sus beneficios se encuentra la estimulación del sistema inmunológico y del sistema sanguíneo, que ayuda a conciliar el sueño por ser un excelente analgésico y relajante muscular, y también que disminuye la depresión y el estrés. Sin embargo, ¿sabemos qué ocurre realmente en el cerebro durante el orgasmo?

El sistema nervioso central tiene un papel fundamental en los procesos de estimulación para llegar al orgasmo. En la zona genital masculina y femenina existe una gran cantidad de terminaciones nerviosas conectadas a su vez a la espina dorsal. El nervio hipogástrico se conecta al útero, al cuello uterino y a la próstata; el nervio pudendo emite señales desde el clítoris y el escroto; y el nervio pélvico se conecta a la vagina, al cuello uterino y al recto. Además de las zonas genitales, existen otras zonas erógenas en diferentes partes del cuerpo con una alta concentración de terminaciones nerviosas.1

El cóctel de estímulos nerviosos proveniente de las diferentes zonas erógenas es entonces enviado al centro de placer en el cerebro denominado circuito de recompensa, ¡y ahí es donde tiene lugar la explosión! Este circuito se encuentra conformado por diferentes glándulas, encargadas de liberar ciertas hormonas. La principal es la dopamina, también conocida como hormona del deseo sexual y producida en la zona del cerebro llamada tegmentum. Además, la glándula pituitaria segrega otras hormonas, como la endorfina, que reduce el dolor; la oxitocina, que genera sensación de felicidad; y la vasopresina, responsable de aumentar el deseo sexual masculino. Por último, las amígdalas son esenciales para sentir ciertas emociones y ser capaces de percibirlas en otras personas.2

Por si fuera poco, el comportamiento sexual no solo se regula en el cerebro, sino también en los genes. La dopamina es sintetizada por el gen DRD4 (en inglés human dopamine D4 receptor gene), que a su vez puede presentar una mutación relacionada con ciertos rasgos del comportamiento sexual, como la promiscuidad y la infidelidad.3,4 Por otro lado, la genética evolutiva revela que las características y el comportamiento sexual están íntimamente relacionados con la teoría de la evolución y la selección sexual. Por ejemplo, las mujeres no requieren llegar al clímax para concebir, pero el orgasmo convierte el acto sexual en algo atractivo y las contracciones musculares pélvicas incrementan la posibilidad de quedarse embarazada. En cambio, los hombres que no pueden llegar al orgasmo presentan una clara desventaja evolutiva en la carrera por transmitir su información genética, lo que los convierte en víctimas de la selección natural.5

Y ahora que sabes todo esto, ¿no te parece aún más interesante el orgasmo? Seguro que no lo volverás a disfrutar de la misma manera.

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Referencias

  1. Turnbull, O. H., Lovett, V. E., Chaldecott, J. & Lucas, M. D. Reports of intimate touch: Erogenous zones and somatosensory cortical organization. Cortex 53, 146–154 (2014).
  2. Nummenmaa, L., Suvilehto, J. T., Glerean, E., Santtila, P. & Hietanen, J. K. Topography of Human Erogenous Zones. Arch. Sex. Behav. 45, 1207–1216 (2016).
  3. Garcia, J. R. et al. Associations between dopamine d4 receptor gene variation with both infidelity and sexual promiscuity. PLoS One 5, (2010).
  4. Kogan, S. M. et al. Dopamine receptor gene D4 polymorphisms and early sexual onset: Gender and environmental moderation in a sample of African-American youth. J. Adolesc. Heal. 55, 235–240 (2014).
  5. Fleischman, D. S. An evolutionary behaviorist perspective on orgasm. Socioaffective Neurosci. Psychol. 6, 32130 (2016).