Corolario para el glifosato

Mi acercamiento investigativo con el herbicida Glifosato fue el 2006, poco después de iniciadas las aspersiones aéreas en Colombia con un coctel tóxico de POEA, Glifosato y Cosmoflux, que era evidente que causaba daño a suelos, agua, animales, plantas, microorganismos y por supuesto a las personas. Desde ese instante denunciamos el daño genético que las aspersiones estaban produciendo en las personas expuestas involuntariamente en la frontera norte del Ecuador.

Estudiamos a la población expuesta, y determinamos que tenían un 24% de daño de su material genético frente a las personas no expuestas que tenían 4%. Publicamos varios informes, construimos artículos científicos, libros, conferencias, participé en la comisión gubernamental para evaluar el daño de las aspersiones, y siempre sostuve que lo que ocurría en la frontera norte era un genocidio y un ecocidio.

En el intento de publicar nuestras investigaciones, las revistas del norte no aceptaron nuestro trabajo, era políticamente inconveniente, se alineaban en los intereses del productor del glifosato. Logramos publicar en la revista brasileña Genetics and Molecular Biology, y cuando salió el artículo científico, los afectados por los resultados (productores, países, gobernantes o políticos), trataron de desacreditarlo diciendo que se publicó en una revista de impacto muy bajo. La ciencia muchas veces se mueve así: intereses.

Los resultados finales de 5 años de estudios lo publicamos en Review Environmental and Health, de New York el 2011 (ver articulo), y sacamos dos libros uno en Ecuador (2011, premio del Municipio de Quito, ver libro) y otro en Estados Unidos con la editora Nova (2014, ver libro). En todos nuestros trabajos siempre estuvo claro que el glifosato traía serios problemas en la salud y el ambiente. La OMS, advirtió del daño del glifosato en 2015 y lo catalogó como potencialmente cancerígeno.

Es muy alentador que el tribunal internacional popular de la Haya (más de mil ONGs), encuentre culpable a la multinacional Monsanto (comprada ahora por Bayer) por el delito de ecocidio, crímenes de guerra, violaciones de los derechos a un medio ambiente sano y equilibrado, a la salud y alimentación, y de quebrantar la libertad científica.

Creo que la conclusión del veredicto, servirá para se pongan más demandas contra el fabricante y que se luche por que se incluya el ecocidio como un delito dentro del acuerdo de Roma sobre ambiente, esperemos que sea el corolario a este veneno: “Si el delito de eocidio se reconociera en el derecho penal internacional, las actividades de Monsanto posiblemente constituirían un delito de ecocidio en la medida en que causan daños sustanciosos y duraderos a la diversidad biológica y los ecosistemas, y afectan a la vida y la salud de las poblaciones humanas” expresaron los portavoces de juicio. Al fin se ha hecho justicia y quizá el glifosato no se lo use en contra de nada ni nadie.